OTOÑO EN IBIZA.

¿Hay vida después del verano?

Me he despertado en mitad de la madrugada por culpa del frio. Me dejé la ventana abierta y octubre se ha colado sin avisar.

Me vuelvo para abrazar a la persona que duerme a mi lado, pero tengo miedo de despertarla, así que me levanto para cerrar la ventana y buscar algo que ponerme. Después de 5 meses de verano no recuerdo ni donde dejé el pijama, así que me conformo con una camiseta de Café del Mar Ibiza arrugada que está en la mesa.

Me vuelvo a tumbar en la cama pero ya no consigo conciliar más el sueño.

Son las 5 de la mañana y estoy completamente desvelado. Me dedico a dar vueltas sin saber que hacer cuando, de repente, recuerdo que Santi me habló de los amaneceres de la playa de Salinas. – Amaneceres capaces de vencer a la noche con la elegancia de la seda.” – Decía. (Siempre pensé que había hecho bien metiéndose a una ingeniería).
Aún así me pareció el día perfecto para comprobar si lo que decía Santi era cierto. -Es difícil que vuelva a despertarme tan pronto en meses – pensé. Así que me puse unos vaqueros y me dispuse a marchar a Salinas.

Efectivamente, el espectáculo visual me sobrecogió… no fue necesario ponerme el ipod ya que, el simple sonido de las gaviotas y el romper de las olas, me hicieron de hilo musical. Pensé que me había pasado los últimos 3 meses buscando la belleza en locales nocturnos y villas lujosas cuando, en realidad, la tenía siempre delante de mis narices. Sentía que me había estado perdiendo lo que la isla me ofrecía de forma natural. Así que me dispuse a pasar el resto del día admirándola en todo su esplendor.

Mi siguiente destino sería ir al mercadillo Hippy Las Dalias en San Carlos, situado al noroeste de la isla, para dar una vuelta y comprarme algo de ropa hecha a mano. Pero finalmente terminé comprando una enorme toalla con un curioso estampado étnico que me serviría para la maravillosa siesta que tenía previsto echarme después de comer en Cala Leña; una maravillosa playa que no está muy concurrida en esta época del año y que dispone de una de las aguas más bellas de todo Ibiza.

Al despertar ya eran las 6 de la tarde. Llevaba todo el día con el móvil en silencio y tenía mil mensajes de todos mis amigos. Al devolverles la llamada, me dijeron que estaban camino de Café del Mar Ibiza; que todo el mundo la isla iba a estar ahí esa tarde. Así que me incorporé, arranqué la moto y me dispuse a marchar a San Antonio.

Pensé en que ese era el plan perfecto para terminar el día; despidiendo a el mismo sol al que también di la bienvenida esa misma mañana. La diferencia es que esta vez estaría rodeado de buenos amigos y exquisitos cocteles con los que brindar por este sencillo, pero maravilloso día en Ibiza.