Abrazamos para que nos abracen

Olga, una gran camarera que pasó largas temporadas con nosotros en Café del Mar, decía que se necesitan cuatro abrazos cada 24 horas para sobrevivir en el día a día. Siempre me pregunté de donde había sacado aquella idea pero el caso es que cada mañana, cuando llegaba a Sant Antoni y entraba por la puerta, iba uno por uno abrazándonos a todos.

Al principio, recibimos sus abrazos de manera escéptica, algunos incluso se sentían incómodos. Pero fueron pasando las semanas y nos fuimos acostumbrando. Sin darnos cuenta, nosotros mismos empezamos a abrazarnos unos a otros, sin más motivo o motivación que dar una muestra de cariño, fuerza o amistad a aquella persona a la que aprecias.

Es una anécdota más de las muchas que suceden cada verano en el Café del Mar de Ibiza pero sin duda, me resulta relevante dado que un pequeño gesto como puede ser un abrazo, tiene un increíble refuerzo positivo en tus relaciones con las personas que te rodean. Recuerdo que aquel verano, todos los conflictos e inconvenientes se solucionaron de manera mucho más sencilla, proactiva y empática. Los abrazos acercan a las personas, transmiten emociones y crean vínculos emocionales potentes. Quizá por eso, el abrazo sea el preludio o la conclusión a un momento importante: antes de un beso, después de una noticia o tras ver el Sol caer en el horizonte de Ibiza.

Los abrazos son una forma particularmente íntima e intensa de expresar emociones. No solo nos ayudan a conectar con los demás y a expresar lo que sentimos, también son muy beneficiosos para nuestro equilibrio emocional y para la salud del cerebro. Además, Se ha descubierto que un abrazo, o una caricia suave cargada de afecto, influyen en la habilidad del cerebro para construir la imagen corporal, incluso en los adultos. Este tipo de contacto físico también es fundamental para desarrollar y mantener un sentido adecuado de nuestro cuerpo.

El comportamiento de Olga me hizo pensar mucho al respecto, leí algunos artículos acerca del tema y un día di con la frase que aquella camarera siempre repetía. Resulta que no era suya, se la había ‘robado’ a  una reputada psicoterapeuta familiar llamada Virginia Satir. Una frase muy acertada que os quiero dejar como reflexión final del post, decía así: “Necesitamos 4 abrazos al día para sobrevivir, 8 abrazos para mantenernos y 12 abrazos para crecer”.

Así que repartid abrazos, cuando más crezca vuestro entorno más creceréis vosotros con él.

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